ESTELA, LA ESTRELLA DE LA NAVIDAD

INTRODUCCIÓN

Estela «La Estrella de la Navidad», es un cuento escrito por dos integrantes del equipo de Montessoriando Recursos. Esta recomendada a partir de los 2 años. Es un cuento de Navidad que trabaja valores como la diversidad, la autoestima, y la igualdad.

CAPÍTULO 1

El día que Estela nació, todo el mundo quedó muy sorprendido. Era una estrella pequeña, gordita y muy brillante. Todo el mundo decía que era la estrella más bonita que nunca habían visto, su luz era preciosa. Pero había algo distinto en ella, algo que su madre descubrió nada más cogerla en brazos. La pequeña estrellita tenía algo que salía de su espalda. Era una especie de cola larga y luminosa que colgaba de ella.  

En el momento en que la familia se dio cuenta del detalle se escuchó un gran ¡Ohhhhhhhhhhh! en toda la habitación y la Tía Platina, con cara enfadada le dijo a la mamá de Estela:

– Caramba, ¡¡Blanquita!!, esta niña es un monstruo. Hay que cortar esa cola inmediatamente, con ella nunca llegará a ser una estrella de primera categoría como es tradición en nuestra familia. No la aceptarían en la Academia de Estrellas.

La pobre Blanquita, la miró con lágrimas en los ojos, mientras pensaba que quizás, Platina, tenía razón. Ella no quería que su pequeña sufriera por ser un bicho raro.

Pero entonces, la abuela de Estela, que fue quien le puso el nombre, hizo callar el murmullo de todos los presentes con un ¡Silencio!!…

De repente todo el mundo quedó mudo a la espera de que la gran y sabia abuela, la estrella más vieja de todas las que se conocían, dijese algo al respecto. Todos respetaban a Aurora, y escuchaban atentos sus decisiones, no en vano, había viajado por miles de galaxias y alumbrado más años que nadie que se conociera.

Muy lentamente, se dirigió a Blanquita, secó sus lágrimas y cogió a la pequeña en brazos. La observó detenidamente y después, con mucho cuidado la levantó para que todos la mirasen bien.

-Oídme bien todos:

– “Mirad bien a esta pequeña!!, Miradla todos! Esta estrellita no sólo será una estrella de primera categoría. Será la más grande estrella que hayáis visto nunca.”

– “Pero, pero…abuela, ¿no has visto esa cosa horrorosa que sale de su espalda?” Replicó Platina con cara de sorpresa.

– “A mí me gusta la colita”, dijo tímidamente Puntitas, la prima mayor de Estela. “Es muy graciosa, yo no quiero que se la corten, abuela”.

-“Si Puntitas, no te preocupes”, le respondió Aurora con dulzura. “Esa cola se quedará dónde está. Además, no se llama cola, se llama Estela”.

Y así fue como esa pequeña y rara estrellita se quedó con el nombre de Estela, ya que a su mamá le pareció muy bonito.

CAPÍTULO 2

Pasaron algunos años, y aunque Estela había crecido feliz con su familia en su casa, llegó el temido día en que tuvo que empezar a ir al colegio, a la temida y estricta Academia de Estrellas.

Todas sus parientes habían estado allí antes y habían sido muy famosas. La prima Casiopea, había llegado a ser estrella de cine de una galaxia lejana. Un tío suyo, el tío Acuario había salvado con su luz a unos marineros perdidos en el mar. Otras se habían convertido en joyas importantes, en coronas de reyes y reinas y habían brillado con luz propia.

La pobre Estela estaba muy preocupada por su primer día en la academia. ¿Cómo serían sus compañeras? ¿Les caería simpática? ¡Ay qué nerviosa estoy!

Su mamá la tranquilizó, y le dijo que seguro que se lo pasaría muy bien. “No te preocupes, Estela, son sólo niñas como tú. Ve al colegio y presta mucha atención a todo lo que te enséñeme”.

– “Sí mamá. Voy a ser una buena estudiante. Ya lo verás”.

Y efectivamente, Estela era una buena estudiante, pero se encontró con un problema que no entendía: Sus compañeras la miraban con cara extrañada, otras se reían de ella. El caso es que nadie quería sentarse con ella, ni jugar, ni siquiera le hablaban. Parecía que les daba miedo de hacerlo.

– “Pero si no me conocen, ¿Qué les habré hecho yo?”. Se preguntaba entristecida.” Ya sé lo que haré, me acercaré a ellas y les preguntaré”.

Pero su sorpresa fue aún mayor, cuando intentó hablar con un grupo de estrellitas en el recreo del cole:

– “Hola, me llamo Estela, ¿queréis jugar conmigo?”

De repente todas las estrellas pararon de hablar y la miraron con cara asustada. Una de ellas, pecosa y muy repipi, se atrevió a hablarle en tono de burla:

–          “¿Contigo?… Estaríamos locas si lo hiciéramos. Tú no eres una estrella, o es que no has visto esa cosa que te cuelga. Tu nunca podrás ser de nuestro grupo, así que ni te acerques”.

– “Mi madre dice que seguro que es contagioso”. Dijo otra de ellas.

Pero, pero…yo soy una de vosotras”. Respondió Estela muy triste.

“Vete de aquí y no vuelvas”. Le dijeron.

La luz de Estela en ese momento se oscureció y se sintió diferente, rechazada. Ella nunca podría ser como sus antepasados. Sería el hazmerreír de todos y su familia no la querría ya, seguro.

Al día siguiente, cuando fue de nuevo al colegio, quería pasar desapercibida, que nadie la viera tan triste y humillada. Se sentó en la última banca de la clase y allí se quedó pensando en lo mala estrella que era.”

“En cuanto pueda me desharé de esta estúpida cola”, pensó.

Pero, lo que no imaginaba, era lo que estaba a punto de ocurrir.

Ese día la señorita Luzinda, les dijo que alguien importante iba a venir a la escuela para elegir a una de las pequeñas estrellas para una misión muy especial. La elegida se convertiría en una de las estrellas más importantes de toda la historia.

Todas las estrellitas aplaudieron entusiasmadas, y empezaron a ensayar sus mejores brillos. Todas se pusieron muy guapas para la ocasión. Todas… menos Estela que las observaba desde un rincón.

Cuando llegó el momento, las llevaron al salón de actos de la Academia de estrellas y una a una fueron pasando por el escenario mostrando todos sus encantos: 

– “A ver, ¿qué sabes hacer tú estrellita?” les preguntaban.

– “Yo se girar 100 veces sin parar y sin marearme”.

– “Yo soy una estrella fugaz, aparezco y desaparezco cuando quiera, y puedo conceder deseos”.

– “Mi polvo de estrellas es el más fino y luminoso que existe. Lo heredé de mi padre”.

…. Y así una tras otra, pero ninguna era lo que estaban buscando.

Ya no queda nadie más, dijo la señorita Luzinda. Pero en ese momento, reparó en un pequeño bultito escondido tras la cortina del escenario. Se acercó y vio que era Estela que lo observaba todo llorosa.

– “¿Qué haces ahí, pequeña? Es tu turno, ya han actuado todas, te estamos esperando.

– ¿A quién a mí?…

– “Claro”.

–  “Lo siento señorita, pero no puedo. Todo el mundo se reiría de mí y de mi cola. Me da mucha vergüenza, yo nunca podré ser tan bonita como ellas”.

– Pero, ¿qué estás diciendo? Si tú eres la mejor estudiante de la clase. Simplemente, eres diferente, pero ser diferente es bueno, todos lo somos. Sal ahí y demuéstrales lo que vales”.

Estela dudó un segundo, pero respiró hondo y armándose de valor decidió salir al escenario y hacerlo lo mejor que sabía.

– ¿Qué sabe hacer usted?, le preguntó el comité de selección.

En ese instante Estela extendió su cola todo lo que pudo y alumbró tanto que casi se quedan ciegos todos los que estaban en el teatro.

– “Impresionante!, ¡Bravo!, tu eres la estrella que estamos buscando. Te vendrás ahora mismo con nosotros a Oriente”.

– “¿A oriente? Pero eso está muy lejos”, dijo Estela emocionada.

– “Sí a Oriente. Tienes una misión muy importante que cumplir allí.”

Y sin pensarlo más hizo sus maletas, se despidió de sus padres que la miraban orgullosos y se fue a Oriente con la curiosidad y el nerviosismo de saber pronto que era aquello tan importante que tenía que hacer.

Ese día 6 de enero, Estela nunca lo podrá olvidar. Su misión consistía en guiar con su magnífica Estela a tres reyes muy sabios y mágicos que se dirigían a Belén a ver a un niño que acababa de nacer en un pequeño pesebre.

En ese momento, ella no lo sabía, pero ese niño iba a ser el más grande de toda la humanidad, era el niño Jesús, el niño de Dios. Y ese niño iba a bendecidla, ya que a partir de ese momento ella iba a ser la encargada de guiar a esos mismos reyes magos, todos los 6 de enero a la casa de todos los niños del mundo para que ellos les llevaran regalos, paz y alegría.

¿Qué misión iba a ser más importante que aquella?

Desde ese día, comprendió que el ser diferente puede hacerte especial. Ser distinto no es ser peor ni mejor y cada Navidad, Estela nos lo recuerda a todos desde el cielo.

Mila Pavón Díaz

Este trabajo tiene licenciaCC BY-NC-ND 4.0. Para ver una copia de esta licencia, visite http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

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